Su personal necesita capacitación en el trato al cliente. Las soluciones que plantean resultan poco razonables. Por ejemplo, ante el problema que presentó el aire acondicionado de mi habitación y mi preocupación por el frío, la respuesta fue: “Me llamas a las 3 a. m. y yo te lo ajusto desde acá.” Es decir, interrumpir el sueño, encender la luz, llamar y esperar. No parece una solución efectiva.
Finalmente, accedieron a cambiarme de habitación a solicitud mía, pero la nueva resultó extremadamente ruidosa. Terminé en una tercera habitación, y nuevamente el comentario fue: “Ya no la puedo seguir cambiando de habitación.”
Analicemos: ¿qué persona llega a un hotel para no poder instalarse cómodamente en su habitación y, por gusto, desear cambiarse de una a otra? Es absurdo pensar que alguien busca incomodarse a sí mismo. El comentario debió ser completamente diferente.