Es un hotel grande y bonito, en un edificio clásico, con pisos de mármol y decoracion que recuerda la mitad del s. XX, ubicado a una cuadra de la piazza del Duomo.
La habitación cómoda, con vista a la torre inclinada y a la calle, muy bulliciosa pero con ventanas insonorizadas.
Buen precio, incluye desayuno, que para los estándares europeos es adecuado.
El personal muy gentil y atento