El hotel no ha recibido mantenimiento en años, hay muebles gigantes en habitaciones muy pequeñas que no tienen uso (como un frigobar que sólo estorba) y las cortinas y alfombras se ven sucias. No tienen suficiente personal para atender a la cantidad de huéspedes que reciben todos los días, por lo que las filas para el check-in son interminables y las habitaciones no están listas incluso muy tarde en la noche. Hay gente que recibe sus habitaciones después de la medianoche, a pesar de que deberían estar listas a las 4:00 pm. El personal de la recepción no es amable, todo lo contrario, parecen enojados todo el tiempo, pero la gerencia, a pesar de conocer las necesidades parece no querer contratar más gente. El restaurante es minúsculo, así que también hay filas para el desayuno que además, es caro y además te corran de la mesa si eres de los que desayunan con calma. Si llegas en auto no hay forma de bajar maletas en la bahía porque no hay nadie regulando el flujo y hay taxis ocupando todo el espacio donde deberías poder ascender y descender del auto. Definitivamente no me volvería a quedar ahí.