Mi estadía en el Four Seasons Buenos Aires fue simplemente excepcional. Desde el momento del check-in, el servicio fue impecable: amable, atento y con un nivel de detalle que realmente marca la diferencia. La habitación era amplia, elegante y perfectamente mantenida, con una vista preciosa de la ciudad y todas las comodidades que uno espera de un hotel de lujo.
El ambiente del hotel combina a la perfección la elegancia clásica con un toque moderno y cálido. El spa y la piscina son un oasis en medio del bullicio porteño, ideales para relajarse después de un día explorando la ciudad.
Mención especial merece su restaurante Elena, reconocido por la Guía Michelin: una experiencia gastronómica memorable. Cada plato fue una obra de arte, tanto en sabor como en presentación, acompañado de una excelente selección de vinos argentinos.
En resumen, el Four Seasons Buenos Aires supera cualquier expectativa —un lugar donde el lujo, la hospitalidad y la buena cocina se unen para ofrecer una experiencia inolvidable. Sin duda, volvería una y otra vez.